20060525

Mutatis Mutandis

El día de hoy, los mutantes del mundo tienen la oportunidad de elegir: un suero promete "curarlos" de su mutación, despojarlos de sus dones únicos, erradicar el gen x de su sistema y hacerlos das un pas atrás en la cadena evolutiva. No más homo sapiens superior. El homo sapiens prevalece.

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A diferencia del resto de los comics altamente industrializados, la franquicia X-Men siempre ha sido un título más complejo que el resto. Esto no se debe sólo a la gran variedad de títulos X que existen en el mercado (actualmente X-Men, Uncanny X-Men, New X-Men, X-Force, Ultimate X-Men, los títulos unitarios, miniseries, spin offs y, por supuesto, el agraciado Astonishing X-Men, que ha sido objeto de reseñas y comentarios incluso por parte de los llamado medios "serios"). Tampoco se debe al lujosísimo historial de escritores y dibujantes que se han involucrado en la escritura de sus guiones y el diseño de sus páginas (desde directores de cine como Bryan Singer o Joss Wheddon hasta grandes nombres del medio como Mark Millar, Brian Bendis, Grant Morrison y Chris Clearmont).


La principal razón por la que parecen circular en una atmósfera ajena a la de los héroes arquetípicos es porque nacieron diferentes: a diferencia de los paladines socialmente aceptados y defensores del mundo, los X-Men siempre han sido los héroes que protegen al mundo que les teme y les odia, que padecen la discriminación de ser una minoría y que, por primera vez en la inmaculada mitología de las historietas, humanizaron los conflictos naturales del hombre: la muerte, el rechazo social, la inseguridad, los celos, los conflictos éticos, los matices de la sexualidad, las drogas. Desde una óptica muy, muy pop, han sido vehículo de debate para temas que en las páginas de revistas como Superman, Batman o El Hombre Araña, simplemente no tenían cabida. Al menos hasta fechas recientes, cuando X-Men se convirtió en el título más vendido del mundo (mucho antes de la primera película, hace cerca de veinte años), y el resto de las "grandes marcas superheróicas" discretamente comenzaron la "modernización" de sus personajes para adaptarlos a una dinámica menos inocente, más mordaz y proactiva.

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Luego vinieron las primeras dos cintas X, filmes que bajo la batuta de Bryan Singer cobraron identidad propia. No eran un refrito de la historieta, sino una reinvención sana, total y coherente de la confusa mitología X, que a lo largo de cuatro décadas de publicaciones periodicas e ininterrumpidas se había convertido en un caos (divertido, pero finalmente un caos).


Hoy llega a nosotros X-Men: La última batalla, el procalmado cierre definitivo de la saga fílmica de los mutantes de Marvel Comics. Con un nuevo director a bordo (Brett Ratner), la entretenida película es un auténtico desgarriate que intenta hacer guiños a los X-Men de Singer, a los X-Men del comic y a los X-Men que un gran estudio como la FOX debe desear para refrendar su más que probada rentabilidad. El resultado, insisto, es una cinta de acción ligera, con los personajes comprimidos hasta su perfil más elemental, un par de tramas principales sólo abordadas superficialmente y mucho efectismo para garantizar su proyección masiva. No, el público no se aburrirá, e incluso se sorprenderá en un par de ocasiones. Pero los fans más fieles, así como el cinéfilo promedio que le tomó gusto a la serie, se sentirán un tanto traicionados. Traicionados por la obvia ignorancia de Ratner en la materia y la acelerada resolución de todo. Sin ser una mala película (consideremos que se trata de un flick de Hollywood y no de cine de arte), es la menos brillante de las tres, la menos arriesgada. Esperemos que lo que tenga que venir después sobre los títulos y personajes X a la pantalla grande, nos saque esta espinita.


Escuchando a Morrissey / Ringleader of the tormentors (Álbum)

Fotos: 1. Marvel Comics. 2. FOX.

20060523

El Código Re Pinche

Un cadáver ha sido encontrado en el Museo de Louvre. La posición del cuerpo desnudo asemeja al Hombre de Vitrubio de Da Vinci, en el pecho tiene pintado un pentáculo y a su vera, con tinta invisible, puede leerse la secuencia Fibonacci en desorden así como un anagrama que remite a la Mona Lisa. Un doctor de Harvard y una criptóloga francesa siguien las pistas, hasta descubrir que el occiso era miembro del Priorato de Sión y guardián de un secreto que podría echar por tierra el poderío del Vaticano.

Así, desde lejitos, el storyline es interesante y con punch para el consumo masivo. Sentado en el sanitario, haciendo aquello que el Rey hace sólo, el libro funciona. Dan Brown, infladísimo desde cualquier flanco, dio con la gran puntada de la década (en términos comerciales) al escibir El Código Da Vinci, aunque con cada página salta a la vista su estereotípica capacidad autoral de yanqui de best-sellers. Gracias a Brown recordé por qué trato de no leer hits literarios gringos: una vez que leíste uno, ya los leíste todos, al menos estilística y estructuralmente. Igual podemos decir que el libro es como una goma de mascar: el sabor se termina más pronto de lo que uno querría, no te alimenta, te causa caries y el proceso de masticarlo no exige ningún esfuerzo extraordinario.


Sin embargo, a pesar de ser una lectura tan light, la película hace lo que parecía imposible: darle al traste a la que pudo ser una llevadera cinta de suspenso para convertirla en un escaparate de lo que presumo es la incultura (o ignorancia o pereza mental) de Ron Howard, quien seguro se incerta los clichés hollywoodianos en supositorios. Sobre el reparto, ni qué decir: Tom Hanks, una nulidad patética en todos los sentidos; Paul Bettany, teniendo que reducir su más que probado talento a niveles de caricatura chafa; Audrey Tautou, vergonzosamente olvidable con todo y su carita linda; Jean Reno, afortunadamente desperdiciado y con poco cuadro (lo cual es bueno considerando la calidad del filme); Alfred Molina, en la peor actuación de su vida; y finalmente Ian McKellen, a quien se le nota que posee las tablas del mundo, que su talento es casi inconmesurable, y que intenta salvar todas las escenas en las que aparece, aunque un sólo hombre no puede construir en donde no hay cimientos.

Ahora, que esto no se tome por el lado equivocado. Una tía insinuó el otro día que yo hacía muy bien hablando mal del libro porque es blasfemo, mentiroso y peca contra todo lo que es sagrado. ¡Por favor! A mi en verdad me importa un carajo que Jesús se haya cogido a María Magdalena de todas las formas imaginables y utilizando el Kamasutra. O que el Opus Dei sea una mamada bien jodida, que lo es, pero eso es otra cosa. Si critico El Código es porque en verdad el libro está impúdicamente sobrevalorado (tanto por sus fans como por sus detractores) y la película es, también en verdad, cabronamente mediocre. Ni siquiera es tan mala como para hacerla pomada: su mediocridad no da para tanto.


Escuchando a The Magic Numbers / Álbum "The Magic Numbers".

Foto: Columbia Pictures.

20060517

Desayuno con Kitten

Siempre me han gustado las peliculas de Neil Jordan. Sin ser uno de mis directores favoritos, parece arreglárselas para dejarme satisfecho cada vez. Aunque Desayuno en Plutón dista de ser una de sus mejores cintas, le concedo el hecho de ser una de las pocas opciones decentes ahora mismo en la cartelera tapatía.

Sí, la cinta no es perfecta. Por momentos, Jordan se excede. Lo hace con los diálogos, con los motivos dramáticos, con el tiempo. Afortunadamente, un acierto es la dirección de actores: es el actor Cillian Murphy quien consigue trabajar todos esos excesos a favor de su personaje, dando coherencia a las situaciones ilógicas, y haciendo creíbles los diálogos inverosímiles. Probablemente después caerá uno en la cuenta del espejismo, tal vez no. Pero en el momento, el banquete es disfrutable. También actúan Liam Neeson, Stephen Rea y Brendan Gleeson. Suena chido, ¿no?


P.S. Bajos instintos 2 en verdad Apesta. With capital A.

P.S. 2. Como bien me lo ha hecho notar mi estimado Rodrigo Saborío de Romo en un breve aunque pintoresco correo electrónico (y justo antes de confesarme su secreta afición por los afiches de Hilary Duff), en Desayuno en Plutón debe destacarse la aparción de Bryan Ferry, autor de la emblemática "More than this" -auténtica joya del pop-, interpretando al aberrantísimo señor Silky String. Truculentísimo. Y ya que hablamos de músicos que actuan, también destaco la actuación de Gavin Friday, amiguísmo de Bono que hace el papel del vocalista de una banda de rock y primer gran amor de Kitten. Ambos, Ferry y Friday, estupendos.

Escuchando Acid House Kings / "This heart is a stone" (canción)

Foto: Sony Pictures Classics

Atenco

La indignación, la frustración, la rabia, la vergüenza, la injusticia. No, no estoy capacitado para dar una opinión pomposa e intelectual sobre el tema. Pero sí sé lo que siento, reconozco el malestar aquí adentro y me agobia la indiferencia, el desinterés y la desinformación conque me encuentro a cada paso. Y lo que más naúseas me provoca es el oportunismo y el "mesianísmo" de los políticos. Tiempos electorales, al fin y al cabo. Tener "visión política" para dar solución a un asunto como este no es sinónimo de tener "visión electoral", pelmazos. Desnutrición ética.

Este no es un asunto de zurdos o diestros. La hiperviolencia social es una atrocidad, punto. No importa el credo, sexo, raza o inclinación política de la víctima. Es atroz. Atroz. Atroz. Atroz.

Dejo unos links. Ojalá te des tiempo para verlos.

Carta de Valentina Palma (Chile) -
http://estadis.eluniversal.com.mx/notas/348084.html
Indignación femenina por abusos -
http://www.elporvenir.com.mx/notas.asp?nota_id=65723
La violencia no se justifica: HRW -
http://www.jornada.unam.mx/2006/05/15/005n2pol.php

Si tienes más links o algo que decir, agrégalos a la zona de comentarios.


Escuchando Austin TV / "Ella no me conoce", "Les choses sont bizarres" (canciones). Jorge Drexler / "El pianista del gueto de Varsovia" (canción)

20060516

So yesterday: Tapalpa y mi entrevista con Hillary Duff

Una amiga mía tararea sin parar Beat of my heart de Hillary Duff. ¿La razón? Nos estamos 'cucando' porque estoy a punto de sostener una llamada telefónica precisamente con la ex estrella de Lizzie Maguire. Planeamos las preguntas, tratamos de administrar el tiempo aún antes de hacer contacto. Finalmente, el teléfono suena. Una chica de la discográfica hace el enlace. Una deslavada musiquita de ascensor suena.

Mientras yo me encuentro en una fría y poco motivante atmósfera de sala de redacción, Hillary contesta con una risilla. Nos saludamos, le pido que me llame Arthur y todo inicia bien. Hillary está en Los Angeles. Dice que está tomándose un 'break' antes del concierto de Monterrey, el primero de su gira por México. Me agradece aunque no entiendo por qué. No es que no entienda su inglés maratónico sino que no entiendo el contexto del agradecimiento, ni de los besitos, ni de nada. Trato de ser dulce y amable a pesar de que musicalmente me bate el estómago. Ja, ja, ja. Vaya, me comporto como todo un profesional. Y la verdad es que ella también. Le reconozco eso: fue participativa y entusiasta en sus respuestas. Y parece que ya está hasta el cohete de que la comparen con Britney. (Y yo me pregunto: ¿de dónde, si Hillary ni carne enseña?).

Uno de mis hermanitos se va a volver loco cuando le cuente que hablé con la ñoña Duff. Y a mi hermana le va a dar diarrea y me va a poner en purificación hasta que toda la vibra corrupta que me haya transmitido la mona se haya salido de mi sistema.
Ahora estoy atascado en trabajo. Hay que traducir la entrevista con Hillary. Y antes tengo que enviar mi texto para el suplemento sobre los estrenos del viernes, incluyendo El código Da Vinci que va seguro a plana entera, así que me debo de esmerar aunque los nombres de Tom Hanks y Ron Howard me provoquen agruras. Afortunadamente, Paul Bettany, sir Ian McKellen, Jean Reno y Audrey Tautou siempre son un aliciente para escribir.

En otros temas, el fin de semana estuve en Tapalpa echando una mano (y mucho, mucho ocio) en el Concurso de Cortometraje Documental que organizaron El Informador y la New York Film Academy. Debo decir que el saldo fue positivo, muy participativo y edificante. Al menos yo lo pasé bien, aunque sólo estuve ahí dos días. Creo que tanto los días teóricos como los prácticos fueron de gran utilidad para los estudiantes que estuvieron activos en el proyecto, así que declaro contento con lo que ha pasado hasta el momento con este asunto. Lo único malo es que al final me quedé sin chamarra de la NYFA, al igual que mi amigo Mauricio, ahora también conocido gracias a Anita García como el Beato Bidault. Amigo, espero que tu 'beatitud' nos haga merecedores dentro un corto tiempo de alguna chamarrita. Je, je. Los agradecimientos por este asunto van para los estudiantes de la UP, UAG, Cuahutémoc, CEDART y UdeG que participaron. Incluso a los del American. También a Anita, a Lucio aka César, a Matt (por regalar nuestras chamarras, ja, ja), a Maurice por el ganado, a doña Isa por el desayuno de La Casona, a la mamá de Anita, al ponche de Atemajac de Brizuela, a María de la Defensa por su pintoresco nombre y muchos más. Ojalá el año próximo volvamos a 'anyfarnos' porque es divertido. Punto.

OK. Ya estuvo. Continuaré trabajando ahora. Más cosas otro día.


Escuchando
My morning jacket
CD: Z

I left my washing in the launderette

Como siempre, cuando uno estrena una cosa nueva, el empeño sale a relucir. Nos pulimos. Apenas ayer subí mi primer post y ahora vengo de vuelta.

Lo que sucede es que ayer me lamentaba de no tener lavadora. Bueno, pues hoy ya tengo lavadora, una Whirlpool de once kilos amarfilada tan linda y que seguro dejará mi ropa muy limpia. Es en estos momentos cuando me puedo tragar algunas palabras e ínfulas de rebeldía para decir que, en ocasiones, el capitalismo tiene ciertas ventajas, como cuando compro un CD, un DVD, el videojuego que tanto quiero... o mi flamante lavadora. De ahí en demás es una porquería. Ja, ja, ja.

Sobre la casa, ahí va. Ahora con la lavadora ya se siente más funcional. Eso, sumado al comedor y al mueble tipo cantina que le compraré a Ivone (a quien algunos conocen como La Pepla, mientras que otros simplemente no la conocen), ya le dará forma al espacio.

En otras cosas, mi amiga Camelia me llamó para ayudarle a contestar una trivia sobre X-Men. La cosa se puso peliaguda cuando llegamos a la prengunta "¿quién fue el primer estudiante del Instituto para Jóvenes Dotados del Profesor X?". Y la verdad es que no tengo claro si fue Scott Summers aka Cyclops ó Jean Grey aka Marvel Girl aka Phoenix. Al igual que a Cake, me parece que es Scott, pero la continuidad Marvel tiene tantos recovecos que uno puede esperar lo inesperado. Ya quiero ver X-Men 3.
Y hablando de movies, tengo varios pendientes, algunos por un morbo muy malvibroso y mala onda, como Bajos Instintos 2, Misión Imposible III y Rent, y otros por legítimo interés como Desayuno en Plutón, Manderlay e incluso Mi Novia Secreta, pues Uma me encanta.

Ahora mismo, de lo que he podido ver en la cartelera tapatía sólo me atrevo a recomendar La Pesadilla de Darwin.
Bueno, lo corto aquí. Tengo mucho trabajo pero me comporto como si no fuera así. Saludos a los lectores y no sean tímidos, dejen sus comentarios.


Escuchando
Belle & Sebastian
CD: The life pursuit

How to keep my nose clean

Palabras clave de la quincena (sin ningún orden en particular): AFI, Apocalyptica, Stereo*Total, James Blunt, Hot Hot Heat. Kinky. Mudanza. Lavadora. Crisis. Dinero. Hastío. Documental. Tapalpa. Lovers. Radio. Matt. Sauna.

Estoy bien. En general bien pero no tanto. Hay de semanas a semanas. Hay de quincenas a quincenas. Ésta ha sido una particularmente "rolercostera". Subidas, bajadas. Esa emocionante cosquilla en el estomago y ese temor constante de que el carrito se salga de la vía.

Primero, una alemana de voz sensual llamada Daniela de Universal Music Germany (obvio) me comunica a Pavoo de Apocalyptica. El tipo está en su petit mansión, en Finlandia. El tipo está, literalmente, en su cuarto de lavado. Me dice que frente a él está su lavadora y su secadora. Eso me recuerda que tengo que comprarme mi propia lavadora, mi propia secadora y demás, pues estoy recién mudado y mis únicas pertenencias son un colchón, una televisión, una compu vieja, un PS2 y ahora un flamante refrigerador de color gris metalizado.

En fin, le digo a Pavoo que estar sentado en la lavadora parece darnos la atmósfera precisa para una entrevista y sólo se ríe. Se evade diciendo que junto a él está su sauna finlandesa. Me pregunta si sé qué es una sauna finlandesa y yo le digo que sí, que de un tiempo para acá me ha dado por someterme a sesiones semanales. Durante la entrevista, Pavoo parece disperso. Tengo dos teorías. 1) Su inglés es peor que el mio, lo cual es mucho decir. 2) Estaba fumando un precioso churro de marihuana. Como quiera que sea, el apocalyptico se comporta de lo más amable por teléfono. Yo jamás había llamado a Finlandia, y menos por 25 minutos. Por momentos siento que peca de falsa modestia. No como me pasó en aquella entrevista con Bunbury, cuando le pregunté "¿Te consideras un artista de riesgo?" ( tal y como él definió a Café Tacuba) y me contestó con aire pesado "¿Acaso no me estás viendo?".

Como sea. Cuelgo con Pavoo y ahora marca Neal de Warner, Sony, DreamWorks o qué sé yo. Estoy sentado junto a mi amiga Vania, quien a final de cuentas me enredó en el asunto de las entrevistas. Nos comunican con Adam Carson, baterista de la banda norteamericana AFI (aka A Fire Inside). El amigo es de lo más simpatico y suena como una persona en sus cinco sentidos. Se ríe, bromea, se siente que disfruta la entrevista, aunque tal vez sólo lo hace por compromiso.

Al día siguiente, me voy con mi vieja amiga Janette al concierto de James Blunt. Sí, "you're beautiful, you're beautiful, its true". Los highlights del concierto para mi resultan ser "Goodbye my lover", "Tears and rain", "High" y su versión inesperada del "Where is my mind?" de The Pixies. De ahí, a velocidad luz, nos disparamos al concierto de Stereo*Total, estos francesitos que le coquetean al rock de chicle, a la electrónica accesible y al desmadre indie. Tristemente, llegamos con el toquín ya iniciado y me perdí "Musique Automatique". A mi favor puedo decir que sí pude deleitarme y bailar de todas las formas descabelladas que se me ocurrieron al escuchar canciones como su españolizada versión de "I am naked", "C'est la mort" y "I love you, Ono".

Un día después, me perdí el directo de Rinôçérôse, ni hablar.

Al otro día, solo y hasta la casa del demonio, saliendo de la Guadalajara metropolitana y llegando a un punto donde el camino era terracería y casi se necesitaba pasaporte para viajar, me decidí a ir al MXBeat, un evento anual que tuvo como cabezas de cartel a Kinky y los canadienses de Hot Hot Heat, quienes se lucieron con temas como "Goodnight", "Bandages" y "Middle of nowhere", junto algún tema nuevo.

Y la música no termina ahí. Compré el nuevo CD de Belle and Sebastian y con cada escuchada me enamoro más de él. Compré el nuevo de Morrissey también, como siempre lujoso. Y me bajé de la red el tema "Lovers" de The Tears, el cual no puedo dejar de escuchar y cantar.

Este fin de semana voy a Tapalpa, pueblo boscoso mexicano, a una jornada de video documental, luego de tres días de "curso intensivo" con un tipo Matt de la New York Film Academy. Ahondaré en ello posteriormente, si no me da pereza.

Luego de leer mi verbo del día me doy cuenta de que hace que parezca que mi vida es interesante. Qué espanto y qué engaño. Necesito un trabajo más. Más dinero. Estoy en crisis debido a mi mudanza de casa. Si alguien sabe algo, se lo agradeceré. Sí, el dinero no me alcanza, mi programa de radio salió del aire luego de seis meses de transmisión debido a la proximidad del mundial de Alemania, no he podido comprar mi lavadora y no tengo sartenes dónde hacer de comer. Además, no tengo ni perro que me ladre. Ja ja ja ja. Supongo que es así como se equilibra la balanza, ¿o no?


Escuchando
Godspeed you black emperor!
CD: Yanqui U.X.O.